domingo, 15 de abril de 2012

¿Cuánto cuesta?

El 9 de abril Mark Zuckerberg, accionista mayoritario de Facebook, comunicaba que había alcanzado un acuerdo con los propietarios de Instagram para hacerse con el control de la empresa por un importe total de mil millones de dólares, pagaderos en efectivo y acciones. De este modo Facebook, con más de ochocientos millones de usuarios activos, se hacía con la empresa creadora de la aplicación de retoque fotográfico de mayor éxito en el mundo (cuarenta millones de descargas, y usuarios) en teléfonos con sistema Ios (Iphone). Próximamente está aplicación estará disponible para Android, con lo que las descargas subirán como la espuma teniendo en cuenta que quien no tiene Iphone dispone de copias tipo Samsung o Sony (por razones obvias los clientes de BlackBerry andan fuera de mercado).

Mil millones de dólares para una compañía con menos de dos años de vida y una docena de empleados (incluyendo a los dos fundadores y propietarios) puede parecer una exageración pero si tenemos en cuenta las veces que su producto es utilizado en el mundo la perspectiva desde la que observar el valor de la empresa vira lo suficiente como para soltar un grandilocuente: aaaahhh, ya lo entiendo!

El caso es que rebuscando en las informaciones sobre este asunto se ha colado un dato comparativo que me ha llamado la atención, un avispado analista ha dejado caer la pregunta de como es posible que una empresa de menos de dos años de vida dirigida por un tipo con la camisa por fuera tenga un valor superior a la editora de The New York Times, los mareantes datos hablan de algunos cientos de millones de dólares en favor de los informáticos sabelotodo. A simple vista lo que parece es que el valor de una empresa ha de medirse por la visibilidad ante el mundo que esta tenga. Si hablamos de capitalización bursátil la empresa líder es una tecnológica: Apple (la segunda es la petrolera Exxon Mobile). Steve Jobs logró crear “cosas” que la gente no sabía que las necesitaba hasta que se las veía al vecino, cuñado o a un tipo en la cola del autobús. Zuckerberg creó (solo o en compañía de otros) una red social capaz de redefinir el concepto “amigo”. Ahora Kevyn Sistrom y Mike Krieger han logrado en dos años amasar una fortuna superior a la que optarían los propietarios de The New York Times Corporation si decidieran venderla a Rupert Murdoch, por poner un ejemplo.

En resumen, que ser el medio escrito referencia en el mundo, tener el honor de haber parido noventa y cuatro premios Pulitzer en ciento sesenta años de historia no tiene el mayor mérito si cada día cuarenta millones de personas (y subiendo) hacen una foto de sus colegas en el botellón, le pasan un filtro retro-pseudodivertido y la suben al Facebook. Una alegría que Mark Zuckerberg no esté interesado en la prensa, ni Rupert Murdoch tampoco.